domingo, 31 de mayo de 2009
Vías para entablar una relación humanistica-tecnológica.
Las técnicas utilizadas por el hombre para resolver su vida material (sobrevivir, alimentarse, vestirse, etc) constituyen una parte esencial de la identidad del ser humano, desde la época de la hominización. Sin embargo, tan sólo hoy en día es cuando parece evidente que el impacto de la tecnología sobre la sociedad es una de las características más significativas de los tiempos en que vivimos. Este impacto ha sido masivo y controversial en todas las sociedades.
La tecnología aparece hoy, como centro de unos debates en los que muchas veces se discute acerca de las distintas técnicas empleadas para crear tecnología, cuando lo que habría que hacer es discutir acerca del uso y manejos que se le dan. La tecnología no es una determinante que limita a todas las demás, sino que en cada problema suelen existir diversas soluciones, entre las cuales hay que optar por un desarrollo adecuado de cuestiones económicas, sociales, culturales o ideológicas.
La tecnología ha penetrado en todos los niveles del sistema educativo, y en particular en el universitario, donde la demanda de estudios técnicos se mantiene en incremento, lo cual refleja la percepción social de que las profesiones técnicas tienen un lugar respetable en el mercado laboral. Pero esta misma sociedad, que orienta a sus hijos hacia las profesiones técnicas y que utiliza masivamente artefactos y procesos cada vez más complejos, adopta mayoritariamente, en relación con la tecnología, una actitud distante y temerosa. El ser humano que usa pero no comprende la tecnología reniega muchas veces de sus responsabilidades, encomendando en el experto o en el tecnócrata la capacidad de decisión en aquellos asuntos de fuerte contenido tecnológico, que en la actualidad son prácticamente todos.
En este sentido la universidad contribuye al progreso de nuestra sociedad proporcionándole, conocimientos y personas técnicamente competentes, en el ámbito laboral, exigiéndoles ayudar al congénere ¿de qué manera se puede lograr esto?, haciendo accesible al ciudadano promedio los conocimientos técnicos necesarios para que pueda intervenir con conocimiento pertinente en aquellos asuntos en los que predomina alguna cuestión de carácter tecnológico. Además poner de manifiesto la extensión cultural de la tecnología, como sus ideales y principios, así como los peligros que conlleva su desarrollo desligado de los intereses sociales y humanos.
La historia de la técnica pone en evidencia las influencias mutuas que siempre han tenido lugar entre las actividades de carácter técnico y los demás aspectos de la vida humana como los sociales, culturales, políticos, ideológicos, económicos, etc. Es evidente que en nuestra época esas influencias son más fuertes que nunca.
La ciencia y la tecnología no se pueden estudiar fuera del contexto social en el que se manifiestan, de igual manera nos damos cuenta que a lo largo de la historia de la humanidad siempre a existido algo que une a la ciencia y la tecnología con la sociedad y son sus necesidades y deseos.
Por ello, la educación de los futuros aspirantes a ingenieros, técnicos, tecnólogos o cualquier rama que implique una labor técnica, no puede limitarse a las asignaturas científicas y tecnológicas, sino que debe comprender otros aspectos que le permitan adquirir tanto una formación científica como humanística es decir que sea equilibrada y multidisciplinaria.
Así que es necesario traer dentro de los planes de estudio esos principios de inquietud que estimulen a los estudiantes a abrir otras ventanas, a ampliar su perspectiva cultural y completar equilibradamente su educación. Cosa que concibe de manera muy adecuada la UACM, implementando dentro de los planes de estudio de los alumnos que se encuentran estudiando una carrera técnica, optativas que amplían y enriquecen su conocimiento a nivel social y cultural.
La especialización de los saberes es un proceso necesario e irreversible, que ha llevado a las ciencias, y a las técnicas al elevado nivel en que hoy se encuentran.[1]
Para contribuir a transformar la imagen que se tiene sobre las repercusiones de la tecnología. Primero tenemos que dejar atrás la idea de que la tecnología es un medio por el cual alcanzaremos el progreso de nuestra civilización por una parte y por otra parte tampoco debemos quedarnos con las visiones tecnofobicas, considerando a la ciencia y a la tecnología como una amenaza para el orden social, donde se le atribuye a la tecnología la causa de todos los males. Ambos son dos caras de la misma moneda donde la tecnología juega un papel central y una relación explicita. Desde la educación se puede contribuir a desmitificar a la tecnología enfrentándose a los riesgos que suele traer y para ello hay que conocerla pero no sólo en su aspecto práctico, sino también en el impacto que causa.
[1] Carl Grimberg. (1991)Historia Universal: Revolución Tecnológica. México. Santiago.
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